
De septiembre a noviembre en Colombia el país se inclina hacia sus ritmos más húmedos: el Chocó pacífico y partes de la Amazonía registran algunas de sus lluvias más intensas, las tardes andinas se nublan con rapidez y los meses en la costa caribeña son comparativamente más secos. En las zonas cafeteras—Caldas, Quindío, Risaralda y partes de Huila—este periodo coincide con una de las cosechas principales, por lo que en las carreteras rurales hay recolectores y los pequeños patios de procesamiento funcionan incluso en días de lluvia.
Las distancias parecen cortas en el mapa, pero las carreteras montañosas y el clima alargan los viajes: un trayecto de tres horas en los Andes puede alargarse fácilmente si los ríos suben o los camiones avanzan despacio cuesta arriba. Los vuelos domésticos son frecuentes y a menudo la forma más rápida entre regiones; los autobuses conectan pueblos más pequeños, pero hay que esperar paradas y velocidades más lentas. En zonas remotas del Pacífico y de la Amazonía, los ríos reemplazan a las carreteras—las embarcaciones se rigen por horarios que cambian con el nivel del agua. El efectivo sigue siendo importante en mercados y pequeños restaurantes fuera de las ciudades, mientras que las tarjetas funcionan de forma fiable en Bogotá, Medellín y en los principales destinos turísticos.
Los colombianos se visten según la altitud más que por la estación: lino ligero en las costas, capas y un impermeable en las tierras altas. La formalidad varía por región—en Antioquia a menudo se oye "usted" entre amigos, mientras que los hablantes de Bogotá alternan libremente entre "tú" y "usted"—así que imita el pronombre que use la gente local. Muchos restaurantes incluyen un cargo por servicio; si no lo hacen, dejar una propina modesta después de una comida abundante es normal. Espere que las casas y los cafés estén concurridos en las tardes lluviosas—los colombianos se reúnen para cafés largos en vez de cancelar planes.
En días de lluvia los colombianos optan por platos caldosos: ajiaco en Bogotá, bandeja paisa en Antioquia y caldo de costilla en los pueblos pequeños. Te ofrecerán una tacita de tinto (café negro) muchas veces al día—rechazarla puede parecer extraño. Los visitantes a menudo suponen que el español colombiano suena uniforme; en realidad encontrarás acentos costeros rápidos y cantados, la cadencia paisa en Medellín y palabras diferentes para la misma cosa—aprender algunos términos regionales abre conversaciones más rápido que cualquier libro de frases.
Lo que necesitas para entrar en Colombia, con el pasaporte que tienes.





























